Pues, amenazaba lluvia y se soltó. Yo quería escribir de alguna forma que se leyera muy ‘acá’ que si amenazaba lluvia no me preocupaba porque en mi interior de todas maneras ha estado lloviendo copiosamente ya desde antes, pero no hay manera digna de decir que se ha llorado mucho, con suficiente moco y a veces hasta sin abrazos, con tantas lágrimas y a solas. Podría escribirse, supongo. Con algo de poesía podría lograr escribirse el dolor con al menos algo de decoro -pobre ilusa. Tendría que intentarse pero la inspiración es poca, el frío es mucho y el dolor vamos siendo sinceros, no se puede compartir. Y es que, es algo interior, con furia, frustración pero eso si, muy quedo y sin ganas de andar compartiendo el llanto con nadie que no sea yo. A veces ayudan los abrazos.
Todo esto nada tiene que ver con nada que no sea agua, mucha lluvia, viento, agua para lavarse, ganas de que la lluvia se lleve lo que estorba, no solo mencionar intencionadamente que soy una chilletas porque eso ya lo sabíamos, ¿o no?
Llueve. Llueve con viento que se escucha como un silbido, el cielo quiere caerse y fuera se escuchan ruidos extraños. El pronóstico: Que la tormenta sigue toda la semana, fuerte, que todo mundo esté listo para la contingencia, que se suspenden las clases y tal. Cuando llueve adentro yo quisiera poder suspender algo también; el hecho de que mi madre no está, suspender a veces la nostalgia de añorar lo que nunca jamás sucedió (por decir algo, la peor nostalgia según Sabina) solo mientras pasa la tormenta.
Ni hablar. A abrigarse, a aguantar la lluvia, ya habrá de despejarse el cielo. Además siempre es bueno que llueva. Lavarlo todo como dijo el poeta: llorarlo todo, llorarlo bien.
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