Tal vez, en una tarde cualquiera alguien te susurre: Las palabras que no hay que oír ¿las encadenarás en un sueño eterno? ¿o aceptarás el sufrimiento que implica intentar descifrarlas? *
Se habitúa uno a los besos con forma de poema –incluso poemas, al bálsamo que representan ciertas palabras dichas específicamente en momentos en los que no podemos ver mas allá de nuestra nariz, se rinde uno dulcemente ante la caricia de la escucha y la fortaleza de los brazos que se quedan contigo –side by side- a remar a contracorriente, te habitúas tanto a beber para saciar tu sed del cántaro de agua fresca que te brindan con sonrisas, que cuando éstas nos faltan parecemos extraviados, encandilados de realidad.
Con todo, siempre será mejor ver las cosas como son en el estricto presente, es sólo que a veces la realidad nos desgarra el ánimo con sus dientes filosos y tenemos certeza del paso del tiempo cuando los plazos nos alcanzan y no hay avance ni intención que valga. Te descubres caminando en círculos o te sorprendes a ti mismo en la estación todavía esperando un tren que hace mucho que partió. Entonces una pregunta seca retumba en tus sienes, ¿por qué tanto afán?
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De momento no se si aprendí por fin a decir adiós de verdad, o es que las heridas cicatrizaron ya y no me interesa en lo absoluto reabrirlas en pos de algo que parecía prioritario y que ahora visto a través del tiempo perdió peso, brillo e importancia. Entonces, la serenidad.
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La serenidad y el afán mezclándose en un elixir que cuando lo bebo, todo fluye aunque queden las preguntas y no, no tenemos todas las respuestas.

A mi me gusta la serenidad que se logra al primer trago de un buen wiski.
Publicado por: Sender Eleven especialista en cotorras | 04/22/2009 en 05:28 p.m.
Ana! Tienes toda la razon. Considero que las preguntas, quedarán perdidas. Me agrada lo de serenidad. De esto hay que sembrar mas.
Ese acostumbrarse a contener las felicidades en un frasco es un espejismo. Entonces, una se sienta a ver los restos y pedacitos que quedaron sueltos, como dices tu: sin sonrisas. El presente te indica como los pasos ya marcados, no se pueden volver a trazar. A mi me ha pasado que prefiero no enfrascarme en ritos de amores sin futuro. Si el presente me dice que nada mas no vale la pena, que ahí muera, aunque la sed quede, y los abrazos sean de brazos propios. Es como compartir felicidades envueltas en mentiras y/o nubes deformes que no te llevan a nada. Dejar el tren partir es mejor que esperar subirse al caboose.
Buena reflexion!
Abrazo,
Mónica
Publicado por: Mónica | 04/22/2009 en 07:39 p.m.
Sender, esa serenidad es inversamente proporcional a la deliciosa inquietud que logra el primer trago de tequila. Jé
Mónica, ritos no sólo de amores. ritos y retos de cualquier tipo sin futuro.
Publicado por: ReD-Malabarista | 04/23/2009 en 10:25 a.m.