Cuando empezaba a trabajar en aquella oficina que olía siempre a café casi no tenía trato con nadie pero en el cubiculo de enfrente se sentaba una compañera de trabajo, con la que casi no interactuaba y que me intimidaba mas por su trato cortante que por su pequeña estatura. Esta compañera era muy rejega lo cual me daba igual, porque yo no iba a socializar, iba a trabajar.
Yo como todavía era estudiambre que trabajaba medio tiempo, llegaba a la oficina cuando el resto del departamento salía a su hora de comida. Asi que o no conocia a las personas o simplemente no hablabamos, era un ambiente cálido y cordial pero la chica en cuestion era mas bien cortante sin llegar a lo maleducado. Yo la veía chaparrita pero intimidante, sepa por qué.
Cierto día, para no ser molestada durante el cierre de mes; puso un letrerito a la entrada de su área de trabajo: "Peligro, alto grado de concentrancia, interumpa bajo su propio riesgo" así estaba el letrero cuando yo llegué. Me puse a trabajar. El letrerito me era indiferente al principio pero al ratito me hacía un ruido que ahora era yo la que no podía entrar en "concentrancia laboral". Levanté la mirada, vi la letra, lo releí y no sabía qué le veía de raro hasta que leí bien: Concentrancia. Ashhh...esta ignorante- pensé. En un lapsus de atrevimiento, le taché el concentrancia y le puse la palabra concentración.
Al llegar a su lugar, me miró fijo por arriba de sus lentes como diciendome "inche plebe metiche" entonces me dijo con aire de fastidio pero muy segura de que era yo quien había corregido: Sé como se escribe, lo que pasa es que como soy "petite" siempre me dan carrilla con que en efecto, estoy concentrada (lo dijo haciendo un ademan refiriendose a su tamaño). Bueno, dije yo, dicen que lo mejor como las buenas fragancias, viene siempre en envases pequeños. No dijo nada, pero a partir de ese día tuvo un trato mas cordial conmigo. Puedo considerarla una de las pocas relaciones de trabajo que ha traspasado la chamba para volverse amistad. Tambien puedo decir que mucha de la cabronez que hoy me caracteriza en lo laboral y que me permite trabajar mas agusto, fijar mis límites, defender lo que haga falta; la aprendí de ella, sin duda.

Que bonito homenajito. Yo creo que cualquiera que deje una huella en cada ser humano que perdure para la posteridad debe sentirse halagado con la sola mención del hecho.
Publicado por: Dan††e | 07/23/2009 en 01:46 p.m.
Interesante historia... y de como por accidentes amistosos uno conoce personas que jamás saldrán de tu vida y que además aprendez de ellas.... eso si es tener buena suerte... saludos!!
Publicado por: tipicohombredemalmorir | 07/24/2009 en 09:17 p.m.