Se que hay acontecimientos cuyo impacto no se puede medir en tiempo propiamente dicho como minutos horas o días, algunos son simples pequeños sucesos cuyo eco te llega al corazón: Una frase escuchada al pasar, un trozo de noticia en el diario que lees camino al trabajo, un trozo o alguna imagen en video que viste en la mañana mientras bebías tu café. En cambio algunos acontecimientos mundiales pueden llegar realmente a no tocarte o pasar –de momento, desapercibidos. A veces pienso que sentir está sobrevaluado, que habría que inmunizarse, que es preciso a veces ensordecerse para poder seguir. Pero a veces como hoy, agradezco sentir y estar viva, aunque duela.
Yo supongo que en vivir, que en atreverse a vivir está la clave ( pero no me hagas caso solo lo supongo, leí en días pasados eso de que todos morimos pero no cualquiera vive) Y sí: Se acepta el regalo con todo lo que eso signifique, Hay días que simplemente te reconcilian con el mundo y no niego que así como se siente el júbilo de pequeños sucesos cotidianos, existe el dolor que se mide en años luz. Así es esto, capturar el instante, vivirlo. Solo así cuando la noche no te deje ver, podrás revivirlo y crear fuego y luz cuando solo haya frío.

En alguno de sus discos, Ismael Serrano se queja diciendo algo como que en las ciudades hay más taxis que sentimientos. Creo que tiene razón. Mucho de lo que vemos en tv, por ejemplo, es más bien una banalización del sentir.
A mí, por ejemplo, me conmueve el esfuerzo de mis compañeros de trabajo, por simple que parezca el tema. Ayer, sin ir más lejos, después de una dura jornada de trabajo, les dí las gracias con palabras muy sencillas a algunas personas por ese esfuerzo; me conmovió -¿que traigo con eso?- ver algunos ojos húmedos por ese simple detalle de decírselos.
Publicado por: Gustavo | 10/29/2009 en 02:32 p.m.
Alberto Escobar y Raúl Rodríguez Coincidieron en escribir “Si la vida se sostiene `por instantes y un instante es el momento de existir…” sería muy lamentable que justo en esos instantes nos encontráramos en un proceso de inmunización o ensordecimiento voluntario, negándonos la posibilidad de sostener nuestra propia existencia.
Publicado por: la huella del pulgar | 10/31/2009 en 11:27 p.m.
Gustavo:
Como ya lo dijimnos, a capturar el momento pues y guardarlo como algo grato que ya pasó pero que podemos evocar.
la huella del pulgar: :) Lamentable, sí, a pesar de que coincido con su opinión, la tendencia al enconchamineto o al efecto avestruz, aveces es tan fuerte...
Esa canción...
Publicado por: Ana | 11/03/2009 en 02:03 p.m.