La forma en que me mira es un dulce espejo en el que querría por momentos, verme toda la vida. Nada es eterno y sin embargo me encuentro otra vez pensando en si el ‘para siempre’ puede, de verdad existir. No existe, lo se, sólo que es sencillo acostumbrarse a la dulzura de ciertas formas y presencias.
Utilizo mis días en formarme el sueño que me debo a mi misma. La nostalgia se filtra suavemente por las rendijas de esta choza de resistencia que me he construido con los trozos de las últimas promesas rotas. Nada es lo que era y sin embargo el corazón late con fuerza, como si fuera la peligrosa primera vez.

Últimos comentarios