Seguimos vivos con las yemas de los dedos tocando el agua filtrándose por las paredes y el corazón a veces tan seco que cuando le dicen recuerdo hace un eco que se asemeja al tictac de un reloj. Seguimos vivos en el café de la mañana cuando la ausencia se hace mas viva, lo bebemos con canela y sin azúcar pensando qué andarás haciendo ahora. Yo se que estás conmigo cuando es de madrugada y el no me quiero levantar me pesa en los parpados de unos ojos que no quieren despertar todavía, decías “arriba ya despierta” y con los ojos cerrados intuía tu sonrisa cuando me besabas en la cara, la espalda y las costillas con la boca húmeda despertándome de cosquillas, caricias y sabor a café.
Seguimos vivos aunque de pronto el recuerdo sea un leve roce tan imposible de revivir como si estuviéramos muertos. Tan vivos como si no hubiéramos decidido dejarnos ir, enterrarnos. ¿Que hago yo con la lluvia, el frío y la humedad que me recuerda a ti? Quisiera contarte lo que ha sucedido, los mundos que no has visto, los viajes infinitos, las horas de tedio en la lectura sin ti, la rutina de reloj en la oficina y afuera caminando un mundo que se escurre a través de una pared que no miente cuando en ella mis dedos escriben estamos vivos y bien pero sin nosotros, sin mi, sin ti.

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