Al salir, el portazo que dio retumbó en la pequeña habitación derribando el espejo de la pared y tuviste que recoger los trozos uno por uno odiando la decision de instalar el espejo allí en vez de odiarlo a él y a su portazo. Yo tengo la culpa, murmuraste con la vista en la escoba barriendo con los pedazos mas pequeños de ese espejo que te gustaba tanto.
Recordaste la escapada a aquel lugar en la playa en cuyo mercado diste con esa pequeña y perfecta pieza de orfebrería que estaba ubicada en una pared junto a soles y lunas de colores hechos de barro, aunque lo que hizo acercarte la forma del marco del espejo; en una pequeña mesa junto a dicha pared había soles y lunas mas pequeños todos pintados a mano con colores luminosos entretenida te pusiste a buscar alguno que por su rareza te atrajera lo suficiente como para llevarlo, cuando la cálida voz de él te ordenó que no te entretuvieras en tonterías, dejaste de lado el tono de reproche cuando levantaste la vista encontrándote con su imagen en el espejo. Salieron de la tienda con el espejo debidamente protegido con papel periodico en un bolso bajo tu brazo y te olvidaste de el hasta que volviste a casa y lo instalaste justo a un lado de la puerta de tu habitación, en un arrebato mas de capricho que de estética que desde luego el con voz irónica reprobó. Entre un acto y otro quedó aquella vuelta a la playa, el roce de sus pies en la arena, la complicidad de sus miradas llenas de sol, el sabor a naranja en los besos, la brisa revolviendoles los cabellos ¿En que momento se acabó el amor? Rápidamente, como un cambio de escena violento, te víste a ti misma tambaleandote en la delgada línea que divide la responsabilidad por los propios actos, los que cada quien hace en nombre de eso que se llama amor y la de la autodestruccion del "es mi culpa, yo lo hice enojar", en algún momento mientras recogías los trozos del espejo tuvíste la certeza de caminar bordeando la inestabilidad hacia un lugar del que no había regreso.
Todo pasó muy rápido. Te víste pidiendo ayuda sin aceptarla, recolectando cicatrices como una triste malabarista del "esta es mi cruz" y el "me casé para toda la vida" dichas cicatrices unas mas profundas que otras nunca serían suficientes. Algo de cierto había no entre los trozos del espejo sino en los trozos de tu interior, porque sincerandote contigo, hacía mas de algunos años que las cosas no marchaban, o de que tal vez nunca marcharon del todo. Ese día decidiste hacer algo más de barrer los trozos de las cosas que se iban rompiendo. No era el espejo, eran tus propios pedazos los que estabas juntando.
Un mes despues desde tu nueva direccion en aquel poblado a la orilla del mar viste por primera vez amanecer y recordaste que el día en que se rompió el espejo, fue el que decidiste marcharte.



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